¿“Qué es lo
que pasa conmigo”?
Que a mí, la teoría me limita. Yo lo cuestiono casi todo, porque no quiero
que me impongan nada. Yo quiero expresar mi alma creativa. Hace años que quiero
empezar a usar la práctica, mientras decía amar la teoría. Pero ahora me doy
cuenta de que yo no quiero leer las bases y condiciones. Yo quiero hacer,
crear. Yo quiero dibujar, pintar, hacer manualidades, videos divertidos y
contagiosos, bailar, cocinar dulce, y especialmente cantar.
Este es mi séptimo año en la UCA, pasando por distintos ambientes. Pero
nunca me dejaron pisar el que más quería con o sin saberlo.
Yo vi el paseo del bajo construirse, vi también cómo pasaban los slogans de
“UCA es para vos” a “UCA, tu casa de estudios” y “UCA, de las raíces a los
frutos”. Quisiera creer que la UCA es lo que verdaderamente dicen sus órganos
(teoría de Kelsen sobre las personas jurídicas privadas? Hey, recuerdo muchas
cosas de mi antigua carrera!). Que verdaderamente sea lo que yo compré. La UCA
es en sí una muy buena idea: enseñar a los jóvenes que su profesión puede ser
la vocación que Dios les dio, que la lleven a cabo para el bien de los demás…
Pero creo que la UCA es sólo una idea, que no todos sus miembros se esfuerzan
en desarrollar. El ejemplo es algo importante, la humildad, la coherencia de
vida, la integración, la bondad, la humanidad (pero no la que te motiva a
actuar mundanamente, sino la que te mueve a vivir como Dios soñó que sería lo
característico en el ser humano). Y esas cosas, no siempre las hallé ahí. Me he
decepcionado de personas, y otras me han sorprendido por haberlas juzgado mal.
Yo sigo amando a la UCA por lo mismo que era hace siete años: como ideal. Porque
como ideal, es algo muy bueno, pero difícil de llevar. Quizás sea preferible
ser más pequeño, porque el mejoramiento del mundo comienza en pequeñas
fracciones de terreno. Nadie puede abarcarlo todo. O quizás, sea mejor la
honestidad, de no ponerse una etiqueta dorada cuando después se tienen
actitudes de cualquier otro color. Al menos así se abre la posibilidad de error
y, por eso, de humanidad.
Todavía puedo tatuarme (y quiero) el número de mi primer aula en la
universidad. ¿Por qué? Porque es una marca en mi vida que distingue el antes
del después. Yo entré a ese aula con 18 años y salí con 19. Vi la vida cambiar
y crecer. Siempre, pero siempre, desde
muy chiquita, me sorprendió y especialmente asustó el transcurso del tiempo. Temía
mucho crecer. Y hace algún tiempo, de una manera diferente volví a ese viejo
temor. Pero también siempre me emocionó e inspiró. Creo que nací para observar
a la vida y a las personas, y mi vida universitaria no fue ni es en vano. Tenía
que vivir experiencias. No experienciA, sino experienciaS, y no es lo mismo. Tenía
que vivir, reír, llorar, gritar, sufrir en carne propia todo lo que pudiera.
Porque me encanta aprender, pero de observar la vida (y las personas) más que
de un libro. Me encantan las historias, no la Historia.
Ahora podré escribirlas, y cantarlas. Pintarlas, dibujarlas, estamparlas…
Hay mil técnicas y áreas de arte y no creo que haya alguna que me disguste.
¿Por qué llegó un punto de mi niñez en el que decidí (sin darme cuenta) que
mi sueño vocacional era algo imposible para mí, destinado sólo a unos pocos
privilegiados? Si ahora sé que poder expresarse artísticamente en el trabajo
no es un privilegio sólo para algunos. Es para aquéllos que lo sienten en
su corazón y que siempre lo sintieron: su vocación.
Pero para poder ejercer mi arte, necesito mi tiempo completo, sin estar
desarrollando al mismo tiempo un plan B. Sé bien que es un gigantesco riesgo, y
tal vez jamás logre nada de lo que me proponga, pero no importa, porque lo
habré intentado. Y cuando en varios años mire hacia atrás en mi vida, no
preguntaré “¿qué podría haber sido si lo intentaba?”.
Tengo un camino larguito si miro para atrás: 24 años completos y uno
llegando a su culmen. Y si miro hacia adelante… qué emoción! Tengo tanto por
vivir, crecer y aprender! Y elijo arriesgarme, aunque no pueda nunca llevar a
cabo las tantas cosas que en mi vida me propuse (por ejemplo, enseñar?). Pero
si soy como digo, una hojita al viento (qué dejá-vu de un cuento de mi
primaria), la vida y Dios se encargarán de llevarme a donde yo deba y por donde
yo deba… No “como debió ser desde un principio”, sino como es la hora de que
sea. Quizás por otros caminos llegue a esos destinos, o tal vez a los
que ahora busco, o a mejores. Mi trabajo es confiar. Y todo fluirá.
Mariana de hace siete años, planificadora al 100, ¿no creo que me reconozcas o
sí?
Ya no me asusta decirlo porque varias personas me ayudan con sus
testimonios: el padre de Freud le había aconsejado a su hijo que estudiase lo
que era su vocación y que no diera demasiada atención a lo económico (me
sorprende y admiro esa forma de ser en un adulto). Mi psiquiatra dice que,
aunque estudie una carrera que habitualmente trae mucha plata, si no es mi
vocación, la plata no va a llegar. Tini contó que su papá la tranquilizaba en
su época de colegio diciéndole que algunos habían nacido para algunas cosas y
otros, para otras (por cierto, luego volví a escuchar esa frase en una serie!).
Quizás mi antigua amiga tenía razón, eh? Pero para bien, aunque no fuera esa su
intención. Hace poco, mi mamá notó que
no me encontraba convencida con la carrera y comentó que quizás lo mío sería
algo más artístico… Que lo dijera ella me facilitó, no el decidirme, sino el
poder contárselo a ella después.
Hoy en día, soy una persona distinta. Ya no temo a la enormidad y super-población
del mundo en el que vivo. Y me gusta no ser el centro de éste, sino sólo el de
mi pequeña historia. Cada uno tiene la suya, y todos podemos ser personajes de
las historias de los demás. Ahora veo que no tengo por qué hacerlo todo yo. Son
cosas básicas para el sentido común, pero no para la mente (creo que la mente
no sabe de sentido común). Puedo nutrirme de las vocaciones de los demás. Quien
sepa Historia podrá enseñarme algo de ella para que no me vaya de este mundo sin
poder explicar bien las guerras mundiales o la Revolución de Mayo. Cada uno
desde su óptica y su opinión. Y cada uno (y yo) podrá evaluar qué cree mejor.
Quien sepa de Psiquiatría podrá darme algún dato curioso al respecto.
Quizás un periodista pueda darme consejos sobre cómo escribir y aportar
algo para mi hobbie.
Nunca me gustaron los debates. Pero este último año aprendí con mis nuevas
amigas que se puede hablar tranquilamente. Cada una tiene derecho de pensar
como quiera. Y me divierten mucho esas conversaciones. Porque cada una dice lo
que piensa, pero no busca convencer a las demás, sino sólo aportar lo que
quiere aportar y decir por qué ese es su pensar y su sentir. Me alegra sentir
cada vez menos timidez al expresar mis ideas, sentimientos y pensamientos en un
círculo de amigas!!!! Gracias, chicas!!!!
Me siento una persona mucho más inclusiva en este momento. Y, ahora que lo
pienso, en gran parte fue el mundo de la Psicopedagogía y de la Psicología el
que me enseñó eso… Wow, ¿ven cómo Dios y
la vida nunca se equivocan? Si no pasaba por esas aulas… capaz nunca
profundizaba en eso.
Me gusta pensar que Dios hace las cosas y a la Historia de tal manera que,
aunque el mal quiera retorcer algo, Dios sabe tomar un camino que lo vuelve a
enderezar y hasta hace que esa torcedura sea fructífera (nunca me había salido
expresarlo en palabras, pero es como hacerle pitocatalán al mal).
Y me gusta el mundo en el que vivo. ¡Y amo mi vida! Pensaba escribirlo
cuando empecé a escribir este texto hace días y después me olvidé de agregarlo.
Pero de nuevo me surge naturalmente decirlo: ¡amo mi vida!
Necesito ponerme en acción. ¿De qué seré capaz con mi arte? Pintura,
escritura, fotografía, canto, baile, lettering, manualidades, dibujo… ¿qué será
lo mío? Hay que seguir buscando. La vida es una búsqueda constante quizás, no?
“No, seré yo quien decida quién voy a ser. Y me convertiré en lo que estaba
destinado: un intérprete que da a su público lo que desea… tocar el Cielo”.
“Ser el artista de la propia vida”, decía Adler.
Dios los bendiga!
✼✼🍁🍁☃☃⛇⛇⛄⛄